Costaleros
 

 

 

HISTORIA DEL MOVIMIENTO COSTALERO

Preludios

            Nos situaremos para empezar, en una primera época como fue la del medievo, en la cual proliferaron los Vía Crucis, y las reliquias portadas a mano. Siendo el mas importante y conocido el de La Cruz del Campo el cual data de 1521, fundado por el Marques de Tarifa.

            Evolucionando según investigaciones contemporáneas en el origen de La Semana Santa. En este periodo, que acaba a principios del siglo XVI no se conocen datos que confirmen ni desmientan el inicio, de los que a la larga se conocerán como costaleros.

            Posteriormente, le sucederá una segunda etapa, que durará hasta el siglo XVII, donde surgen las Cofradías de sangre, procesionando cruces arbóreas con sudarios y Crucificados de pasta. Surgirá a comienzos del siglo XVII, palios portados en andas sin respiraderos, con cuatro o seis patas y brazuelos para ser llevadas las imágenes por sacerdotes o cofrades.

            El Cardenal Niño de Guevara instituye la primera Carrera Oficial en 1604, lo que en un principio parece intrascendente, y pensado para acallar disturbios entre cofrades de distintas hermandades y establecer un orden de recorridos y horarios.

            Después marcará un hito en la historia de las Cofradías, puesto que al tener que discurrir por un mismo sitio y ser observadas por el mismo público, entran en competencia entre ellas, y por tanto se encargan andas mas voluminosas con horquillas para descansar en las paradas e imágenes mas grandes.

            Con este respectivo y considerable aumento, las andas se hacen más pesadas, y se recurre a una manera de portarlas de forma mixta, es decir cargadores por dentro, haciendo el mayor esfuerzo y cofrades o sacerdotes por fuera en plan figurativo o de oración, con lo que da lugar a la paulatina desaparición de aquel trabajo exterior.

            Hoy día en nuestros pasos, de forma casi testimonial y cumpliendo una función puramente decorativa, nos queda la manigueta como recuerdo de aquellas tareas.

El Costal y el Corpus

            En 1587, tras 7 años de trabajos, Juan de Arfe termina la Custodia y procesiona por primera vez en el Corpus de Sevilla, teniéndose que realizar una parihuela para llevarla, debido a sus dimensiones y peso.

            A la vez que se designaron 12 portadores, cargadores del muelle y pertenecientes a la Hermandad de Ntra. Sra. de la Granada, cuya capilla estaba en el Patio de los Naranjos catedralicio. El primer capataz fue el carpintero de la S. I. C., Pablo de Torres.

            En 1590 ya contaba la custodia con dos cuadrillas de costaleros y al mando se encontraba el capataz Pedro Sánchez. Por esta época son 14 los costaleros que portan la Custodia, contando con 4 relevos a lo largo del recorrido. Como dato anecdótico, en 1665 la mayoría de los costaleros eran inmigrantes franceses y gallegos, que también hacían las veces de "aguaores".

            Se sabe que hasta 1927 la Custodia fue llevada por costaleros, y posteriormente, durante el mandato eclesial del Cardenal Illundaín, se paso a las ruedas (entre 1928 y 1930).

            El primer documento gráfico sobre costaleros o mozos de cordel, se encuentra en la Catedral de Sevilla sin fecha ni firma alguna, atribuyéndose a Lucas Valdés a finales del siglo VXII. Figura en él un texto en italiano, en el cual se hace referencia a los cargadores de la Custodia del Corpus, a quienes denomina como "fachini".

            En 1996, el cabildo catedralicio inició el proceso de ir sustituyendo las ruedas en los pasos por costaleros, que durante más de 350 años estuvieron Sacando la Custodia.

         Siglos XIX y XX

            A finales del siglo XIX, encontramos las primeras referencias en el siempre heterodoxo y efectista Tarila, de quién su fama perduraría años después. También encontramos a Ayala, de similares características de de Tarila, pero de menos renombre posterior, aunque de gran importancia en su época, al ser capataz de la Amargura y del Gran Poder, siendo las cofradías de mayor prestigio en su época.

            Precursor y valuarte del estilo actual fue Francisco Palacios, serio y comedido en sus voces de mando e indumentaria. Introdujo mejoras entre relaciones de hermandades, condiciones sociales del costalero y organización, e igualó magistralmente. Y completando la tetralogía, Antonio Torres Macías, conocido popularmente como Juanillo Fatiga. Con un estilo a mitad de camino entre Ayala y Palacios, fue el mas estable de sus compañeros, cuando era costumbre imperante cambiar con frecuencia de cofradía, o éstas de capataces.

            En la primera década del siglo XX fue cuando se realizó la definitiva depuración del estilo antiguo. Rafael Franco Luque, será discípulo aventajado de Francisco Palacios, formando posteriormente con una cuadrilla propia y disciplinada.

            Creó un estilo innovador, serio y sobrio e igualó a los hombres con rigor desconocidos hasta entonces, en cofradías como El Gran Poder, La Mortaja y La Amargura, por lo que le hizo subir vertiginosamente, aumentando prestigio y popularidad, además del número de cofradías y costaleros como fueron; La Hiniesta, Santa Cruz, Los Panaderos, Las Siete Palabras, El Valle, La Macarena y San Isidoro. Por lo que tiene que recurrir a un buen número de auxiliares, como José el Naranjero en la Macarena, Ayala hijo, en la Trinidad y Manuel, el del Gas en San Pedro.

            Contó con un "segundo" de su total confianza y de auténtica categoría, cuando surge de su mano y de forma inseparable, el irrepetible Rafael Ariza Aguirre fundador de una dinastía. Conocido posteriormente como El Abuelo o El Viejo.

            Ya en la década de los veinte, nos llevan a tres capataces de distinta proyección futura. El primero de ellos fue Eduardo Bejarano, con la gente del muelle en un principio llegó a sacar Montesión, El Silencio y la O. De estilo serio, moderno, con dotes de mando y responsable, al estilo de Rafael Franco con el que se entiende a la perfección, llegarán a consolidar ambos capataces la escuela moderna, en contraposición con la antigua y efectista, que se iría mixtificando con el paso del tiempo, sin llegar a desaparecer totalmente.

            Surgirá también con fuerzas Miguel, el de la Plaza, conservando el estilo antiguo y de rudimentaria organización, aglutinando en sus cuadrillas el excelente material humano de la Plaza, sacando El Calvario y La Carretería.

            Heredero directo de Tarila, por sus formas teatrales, se dio a conocer a Ángel González, Angelillo. Capataz a la antigua usanza, popularizó a una cantera de costaleros como fue La Puerta Osario, llegaron a conocer sus alardes, las cofradías de San Bernardo, Dulce Nombre, Los Negritos y la Mortaja. También llegaron a su punto máximo de prestigio, los trianeros y antiguos capataces José Romero y Joaquín Canela.

            A finales de la década debuta, en La Hiniesta Rafael Franco Rojas, abriéndose paso una nueva generación de capataces, junto al hecho de que Rafael Ariza Aguirre posee ya cuadrilla propia en Las Cigarreras y su hijo José Ariza Mancera es enseñado por su padre.

            Ya en los difíciles años treinta, de huelgas, posiciones enquistadas en cuanto a sacar pasos con ruedas, todas ellas salvadas con buen hacer, se van consolidando las posiciones de los capataces antiguos monopolizando la mayoría de las cofradías, destacando al carismático José Romero hijo, clásico capataz trianero, que adquirió popularidad al sacar en 1932 en solitario a la Estrella, adjudicándole después del éxito obtenido el martillo de San Esteban y el Baratillo.

Referencia.

http://www.artesacro.es/martilloycostal 


Fervorosa Hermandad
Sacramental y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono,
Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Nuestra Señora de los Dolores

Cerro del Águila (Sevilla)